Huevos de Pascua en el Morro dos Prazeres

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Antes de llegar a Rio de Janeiro, leí y escuché muchas cosas sobra la pacificación. Hay una parte de la población brasileña que está convencida de que es un gran timo, una operación de marketing de cara a los Juegos Olímpicos, que esconde intereses perversos como la especulación inmobiliaria en zonas con vistas privilegiadas de la ciudad. Muchos temen que, después de 2016, los narcotraficantes van a regresar y todo va volver a ser como antes.
Precisamente por esta razón decidí vivir dentro de una favela pacificada, para tener una idea de primera mano de lo que está pasando.

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Claro que en dos meses uno no tiene todos los elementos para prever lo que pueda pasar después de 2016 o para valorar el impacto real de la pacificación más allá de las estadísticas esperanzadoras que divulga el Gobierno del Estado de Rio de Janeiro cada dos por tres.

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Por eso me remito a lo que puedo ver con mis ojos, microhistorias que voy contando en este blog, sin la arrogancia de decir que ésta es la verdad sobre la pacificación.

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En las últimas semanas me he encontrado con muchas personas que creen en la pacificación. Personas que han hecho de ello una apuesta personal, que trabajan por la integración y para que la pacificación sea un proceso irreversible: los guías turísticos de la favela, Bruno Faria, el profesor de karate, Camilo Coelho, el periodista que trabaja para impulsar proyectos sociales…

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Son muchas las personas que creen en la pacificación. La última la conocí ayer. Se llama Juliana y es una policía de la UPP (Unidad de la Policía Pacificadora) que trabaja en el Morro dos Prazeres, cerca del barrio de Santa Teresa. “Yo nunca pensé que algún día sería policía. Estudié para ser fisioterapeuta. Luego me saqué la oposición y me destinaron un año a hacer patrulla en Copacabana. No me gustó para nada. Hace dos años, me asignaron a la UPP de esta favela y desde entonces mi visión ha cambiado por completo. Hoy no puedo imaginar hacer otra cosa. Eso es mi vida”, asegura esta rubia de 28 años, que lleva tacones de aguja debajo del uniforme.

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Ayer organizaron un acto para entregar chocolatinas y huevos de Pascua a los niños. A cambio, tenían que escribir una carta explicando lo que representa la Pascua. La imagen era estremecedora: cuatro policías de la UPP hablando ante de un público entregado de niños y adultos. Aplausos y complicidad. Algo absolutamente impensable hace cuatro años.

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Algún escéptico dirá que les están comprando con un poco de chocolate. Mentira. Juliana es de estas personas que creen en lo que hacen. Se pasa el día con la cámara al hombro para rellenar de contenidos la página de Facebook que ha creado.
https://www.facebook.com/prazeresescondidinho?fref=ts

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Las donaciones vienen de sus amigos personales, no es un acto oficial de la UPP. Ayer no había prensa, nadie quería vender nada a los medios de comunicación. Yo me enteré por un amigo. Era un acto de verdad. Si eso de ayer es la pacificación, no puedo decirlo. Claro que hay puntos negros, policías corruptos que se están aprovechando de la situación para extorsionar a los comerciantes de las favelas, narcotráfico encubierto, etc. etc.

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Pero la escena que vi ayer es la prueba de que algo está cambiando en Rio de Janeiro. Los optimistas dirán que es el principio de algo más grandes. Los pesimistas que todo es mentira. Yo me limito a hacer fotos y a observar.

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