Encontronazo con los narcotraficantes de Cantagalo

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Todo el mundo se harta de repetir que la pacificación en realidad es un desarmamiento y que el tráfico de drogas sigue en las favelas de Rio. El mismo jefe de la Consejería de Seguridad del Estado de Rio, José Mariano Beltrame, ha declarado en varias ocasiones que las UPP pretenden acabar con el control armado del narcotráfico sobre el territorio y no con el narcotráfico en sí.

La semana pasada pude comprobar la fuerza del narcotráfico en la favela de Cantagalo.  Estaba caminando por una zona muy concurrida, cuando un chico me paró en la entrada de un callejón.

–       Aquí no puedes hacer fotos.

–       Ya lo sé, no te preocupes.

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La misma escena se repitió en varios callejones. Yo había colgado la cámara del hombro para que quedase claro que no iba a hacer fotos. En realidad, estaba interesada en retratar las vistas desde las favelas, más que la venta de crack y marihuana.

Ya he pasado por este tipo de controles en el Complexo do Alemão y normalmente la reacción de los vigilantes del cotarro es serena e incluso amistosa.

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Pero en Cantagalo cometí dos fallos. El primero: querer ir a pie en vez de coger el ascensor que comunica la favela con la plaza General Osorio, en Ipanema. Un grupo de traficantes menos simpáticos que los primeros se interesó por mi elección.

–       El ascensor está en la dirección opuesta.

–       Lo sé, pero quería ir andando.

–       ¿Por qué?

–       Por nada, me apetece caminar.

–       No puedes hacer fotos.

–       Lo sé, no te preocupes, no tengo ningún interés.

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Segundo error: doblar la esquina. El escenario había cambiado por completo. El callejón estaba mucho más decaído. Una rata enorme me miraba con recelo.

–       ¿Te has perdido, muchacha?

–       No, quería ir andando…

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De repente, llegó un chico muy alterado, gritando que no podía hacer fotos. Intenté hablar con él, pero enseguida entendí que estaba tan drogado, que no había conversación posible. Me vi rodeada de cinco personas. El muchacho controlaba mis fotos de forma compulsiva. Yo debí de poner tal cara de susto que se apresuró a decirme: “No te preocupes, no voy a hacerte nada”.

La foto de la discordia

La foto de la discordia

Esta foto generó su furia. Yo no entendía. Le seguía diciendo que era la foto del hostal, mientras él me preguntaba una y otra vez el por qué de aquella imagen. Al final me devolvió la cámara.

–       Puedes bajar.

–       Ya no quiero, me voy en el ascensor.

–       Te he dicho que puedes bajar.

–       Ya, pero veo que mi presencia os incomoda y no quiero problemas.

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Comencé a deshacer el camino y tuve que explicar en todos los puntos de control por qué había cambiado de opinión.

–       Había un chico que se ha puesto muy nervioso…

–       Porque le habrás hecho una foto.

–       Que va. Para nada.

–       Disculpa, pero la Policía nos hace fotos desde el otro lado de la favela. No nos gustan las cámaras.

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He necesitado dos días para descifrar la imagen que enfureció a mi amigo, el narcotraficante. Al final, he entendido: encima de la flecha hacia el hostal, estaban pintadas las letras C.V.P.P.C. Significa Comando Vermelho de Pavão, Pavãozinho y Cantagalo. Es la poderosa organización que controlaba el narcotráfico en las favelas de Rio.

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Mi mirada (ingenua) de europea se estaba sorprendiendo de la presencia de un hostal dentro de la favela. La mirada del narcotraficante veía en mí una reportera cotilleando en los recovecos del narcotráfico.

¿Ésta es la pacificación? ¿No poder andar libremente por un espacio público?

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4 pensamientos en “Encontronazo con los narcotraficantes de Cantagalo

  1. Hola, me llamo natalia y vivo en Rj desde el anho 2009, llegue a vivir en la favela sta marta y hoy vivo en la favela jorge tuco en la zona norte, donde tampoco son bienvenidas las fotos. Comprendo perfectamente el problema con las camaras fotograficas, ya que la prensa tradicional solo ha utilizado fotografias y reportajes para hablar mal de la favela e incentivar la violencia. Comprendo que todo ser humano tiene derecho a la privacidad y creo que deberia existir un resguardo para quien no quiera fotos, las favelas tienen becos y vielas, callecitas muy pequenhas que hacen confundir los espacios publicos y privados y bien, son lugares de moradia popular, antes do que zoologicos, es muy chato meter a todos los fotografos en la misma bolsa, pero insisto, entiendo las reservas de los caras. Ellos tambien son personas, pese al vicio y a su “trabajo”. Querida, me encantó tu blog, te felicito, te dejo mi email natalia.urbina@gmail.com, a ver si rolan mas conversas, un abrazo. Pacificación, en verdad deberia llamarse ocupación armada, pues las armas continuan en la favela. si no es en manos de traficantes es en manos de la policia. El concepto pacificacion y el tema actual, es centro de muchos debates hoy, mucho mas amplio que poder andar “libremente” tomando fotos, es un tema muy amplio mismo.
    Un abrazo
    Natalia

  2. Amiga, que nervoso. Você teve muita sorte.
    Por favor, não dê chance para o “azar” novamente. Andar sozinha por trechos menos frequentados é complicado, porque de fato ao dobrar a esquina pode-se dar de cara com uma boca ou zona proibida…
    Lembro de que quando fizemos um workshop no Capão Redondo, em São Paulo, fotografamos com liberdade porque já tínhamos comversado previamente com o núcleo de moradores e os traficantes já tinham sido avisados. Aliás, eles até “desmontaram” uma boca, ou seja, liberaram um espaço que servia geralmente de boca no bairro, para os deixar em paz. Ainda assim, o tempo todo estávamos acompanhados por alguém de dentro que nos dizia os limites dos nossos passos. Sempre há uma esquina que não pode ser dobrada…
    É um outro conceito. Eu percebia que estar pelas ruas de uma comunidade era como entrar na casa de alguém. Melhor entrar depois de ser convidado, se não fica estranho. Melhor estar acompanhado.
    A pacificação pode ter amenizado a violência, mas será que muda o sentimento dos moradores em relação ao espaço público do bairro?

    • Muito boa a sua reflexão: “Eu percebia que estar pelas ruas de uma comunidade era como entrar na casa de alguém. Melhor entrar depois de ser convidado, se não fica estranho”. Obviamente, eu sou uma gringa que ainda tem muuuuuito que aprender sobre os códigos da favela e do Brasil em geral. Faço o que posso, me deixo levar pela curiosidade, as vezes erro, porém sempre trabalho com a intenção de mostrar outras caras da favela, mais além das drogas e da violência.

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