Una niña demasiado adulta

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–       Vivo aquí con mi padre, mi madrastra y sus cinco hijos. Estoy contenta. Aquí me tratan muy bien. Mi nueva madre es muy buena conmigo. Cuida de mí, me enseña muchas cosas, ahora soy una niña educada. Antes yo era maleducada, pero ella me está enseñando a comportarme. Todavía no voy al colegio. Llevamos tres años con el papeleo, pero demora mucho. Yo cada día ayudo a limpiar la casa, y después cojo el libro y estudio sola. Mi nueva madre me está enseñando a leer y a escribir, ya soy capaz de escribir un poquito.

–       ¿Cuántos años tienes?

–       Ocho.

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–       ¿Y prefieres estar aquí antes que con tu verdadera madre?

–       Sí. Me lo pensé muy bien, pero al final, tomé la decisión correcta. Mi madre me pegaba mucho. Me dejaba los brazos llenos de moratones. Una vez me dejó la mejilla muy hinchada de tanto pegarme. Las marcas en los brazos iban desapareciendo, pero en la cara no. Yo vivía con el miedo de ser pegada. Mi madre siempre decía que no hablara con nadie cuando ella salía de casa, pasase lo que pasase. Una vez se rompió el cable de la tele y yo tenía mucho miedo de recibir una paliza. Llamé al vecino y lo arregló. Pero cuando mi madre volvió y se enteró, me pegó muchísimo por haber dejado entrar al vecino. Yo le había llamado por miedo a la paliza. Y no sirvió de nada. Después me mandó a estar con mi abuela. Allí no querían que estudiase. Querían que hiciese todas aquellas cosas malas que hacen ellos, querían que fumase, que bebiese… Yo en cambio quería estudiar. Mi nueva madre, yo le digo mamá, porque cuida de mí, me da de comer. Cuando llegué aquí los niños me llamaban palillo de dientes de lo delgada que estaba. Ahora estoy un poco más gordita, ya no me llaman así. Ella dice que es muy importante que yo estudie, para tener un buen trabajo y no ser la esclava de nadie. Yo en mis sueños me veo con dos o tres hijos, pero también quiero estudiar. No sé cuando podré ir al colegio. Pero no me quejo, aquí estoy bien, me tratan bien.

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Josilene cuenta su historia entre sonrisas, mientras sujeta a su hermanstro de 10 meses entre sus brazos. Vive en el Brizolão, un edificio de gestión pública destinado a actividades sociales y formación que está en la favela de Cantagalo, entre Ipanema y Copacabana. Su familia fue destinada a este lugar cuando la casita de madera de Rosilene, la madrastra de Josilene, fue derribada por miedo a que se desplomase con las lluvias. Desde hace tres años, esta familia de ocho personas sobrevive de forma ‘provisional’ en un espacio no habitable, esperando a ser realojada.

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