El desastroso transporte de Rio

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Los prejuicios siempre son peligrosos, aunque sean positivos. Gracias a una hábil campaña de marketing, Brasil ha conseguido crear en el extranjero la imagen de un país moderno y en pleno crecimiento, un paraíso de oportunidades, casi un Eldorado para los desempleados europeos con especialización. Lo cual, por cierto, es falso, porque la compleja legislación de este país, estricta y muy proteccionista, restringe el acceso de los ciudadanos europeos al mercado laboral.

Seamos realistas. Brasil nunca fue un desastre, como quiso creer la Europa rica y eurocéntrica, vaya la redundancia. Un país que construye una capital futurista de la nada en cuatro años en la década de los 50 no es el prototipo de país subdesarrollado que Europa se obcecaba en ver. De la misma forma, Brasil no es ahora un ejemplo de eficiencia y desarrollo. La cúpula de la FIFA debe estar comprobándolo a diario. Así se explican las declaraciones de su secretario general, alabando a Putin y criticando la desorganización del Gobierno brasileño de cara a los Mundiales de 2014.
http://www.bbc.co.uk/mundo/ultimas_noticias/2013/04/130425_ultnot_fifa_mundial_jerome_valcke_democracia_dp.shtml

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Dentro de la falta de organización estructural que padece Brasil, cabe destacar la situación de desastre absoluto que atañe al transporte público en Rio de Janeiro. Hablamos básicamente del autobús, porque el metro sólo tiene dos líneas y una parte está en obras (para los Mundiales, obviamente).
Para comenzar, es muy caro: el billete cuesta entre 1,20 y un 1,50 euros en una ciudad en la que el salario mínimo no llega a los 250 euros. Un verdadero disparate, sobre todo porque no existe la posibilidad de hacer un abono mensual.

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Además de caro, el transporte es ineficiente y, sobre todo, peligroso. Cualquiera que haya viajado en autobús en la ‘Cidade Maravilhosa’ puede dar fe de ello. Los vehículos circulan a una velocidad exagerada, entre frenazos, volantazos y curvas que meten a dura prueba la capacidad de los pasajeros de permanecer sentados, sin salir volando por la ventana.

No se trata, pues, de una sensación subjetiva. En tres meses ha habido todo tipo de percances en Rio. El episodio más grave: el autobús que cayó de un viaducto en la Avenida Brasil, el 2 de abril. Ocho personas murieron y todo por una pelea, ya que un pasajero agredió al conductor por no haber parado donde él quería.

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Decenas de accidentes se verifican a diario en Rio. El 10 de abril, un autobús acabó en una gasolinera y se llevó por delante a cuatro personas. Una mujer murió después de que le amputasen ambas piernas. El 14 de abril, otro autobús chocó con un coche en la zona norte de la ciudad. El balance: 29 heridos. Ese mismo día, un autobús colisionó con tres coches en Niterói: “al menos tres heridos”, según el diario O Globo.

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Dos días después, un nuevo accidente en otro punto de Rio causó 22 heridos. Un día más tarde, un autobús se empotró en la fachada de un edificio en Ipanema, después de destrozar un quiosco de prensa. El vehículo invadió la portería y los 70 habitantes del inmuebles tuvieron que pasar por el autobús para salir a la calle. Esta vez hubo cuatro heridos. Menos de 24 horas después, otro autobús chocaba con un coche en la zona oeste de la ciudad…

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La lista parece no tener fin. Los medios de transporte público también han causado la muerte de varios ciclistas. El 30 de abril, un dentista que se preparaba para el triatlón de España fue atropellado en Ipanema. Adivinen cómo: un autobús, número 433, destino Vila Isabel, es el responsable de su muerte. Todo apunta a que no paró en el semáforo, aunque el conductor lo niega. Al día siguiente, otro ciclista fue atropellado en la Praça da Bandeira, en la zona norte de la ciudad. Esta vez tuvo más suerte, ya que pudo salvar la vida.

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No se trata de una trágica casualidad, sino de una reiteración macabra. El 1 de abril, un autobús mató a una directora de cine y televisión cuando paseaba en bicicleta por una calle de su barrio, Leblon.

Los datos oficiales son espeluznantes: cada dos minutos y medio un autobús es multado en Rio. La red de vehículos públicos registró 51.888 infracciones sólo en los tres primeros meses de 2013. Sin embargo, hay sólo 40 inspectores que se encargan de revisar todos los autobuses cariocas. El control, por lo tanto, es mínimo.

Una mención aparte merecen las furgonetas privadas, que actúan en un limbo legal. Algunas estás reconocidas por el Ayuntamiento, otras funcionan de forma totalmente pirata. El pánico cundió en la ciudad cuando el 30 de marzo el conductor y el cobrador de una de estas furgonetas ilegales secuestraron a una turista estadounidense de 21 anos en Copacabana. La violaron ocho veces dentro del vehículo, ante la presencia de su novio, esposado y apaleado repetidamente.

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El Ayuntamiento reaccionó prohibiendo la circulación de estas furgonetas en la zona sur de la ciudad. Los habitantes de favelas como Rocinha y Vidigal han sido los más perjudicados por esta nueva normativa, ya que los autobuses de línea no pasan con mucha frecuencia en estos barrios muy populosos. Mientras tanto, tras respetar el prohibición durante una semana, las furgonetas han vuelto a circular por las calles de Ipanema y Copacabana…

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