Convivir con el Ejército en la Maré

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El sábado 6 de abril el Ejército brasileño ha empezado la invasión de la Maré, un complejo di 16 favelas en la zona oriental de Rio, cerca del aeropuerto. Un dispositivo de 2.700 hombres, entre el Ejército, la Marina y la Policía Militar se encargará de controlar hasta le mes de julio una región amplia, habitada por unas 130.000 personas y disputada por tres facciones criminales: el Comando Vermelho, el Terceiro Comando Puro y el ADA (Amigos dos amigos). “Cuatro, si contamos las milicias”, asegura Bira, un fotógrafo que vive en Nova Holanda, una de las favelas que integran el complejo.

Las milicias son un grupo para-militar formado por policías militares y civiles retirados, guardias penitenciarias, ex bomberos y hasta algún político. En algunas favelas, como Rio das Pedras, expulsaron a los narcotraficantes y se dedican a extorsionar a los comerciantes locales, y a explotar servicios como la distribución de gas y de TV vía cabo clandestina. Como la Camorra napolitana de los años 80, antes de que los hijos de los capos se fuesen a estudiar Administración de Empresa en las mejores universidades de EE UU para profesionalizar sus negocios criminales.

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En las ocho horas que permanecí en la Maré, he visto varios vehículos repletos de soldados armados hasta los dientes, apuntado con sus fusiles a la población civil como si se tratase de criminales, en el medio de un mercado. Es sin duda un escenario de violencia extrema: no hace falta que haya un tiroteo (que ya los ha habido) para que se respire una agresividad atroz hacia la ciudadanía.

En su momento, cuando todavía vivía en Madrid, leí sobre la invasión del Alemão, en la que también participó el Ejército, a través de la prensa brasileña. El año pasado escuché las historias de algunos moradores, que denunciaban abusos de todo tipo por parte de los soldados.

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Pero no hay nada como ver las cosas con tus propios ojos. Claro que no soy una reportera de guerra y nunca he estado en zonas de conflicto como Afganistán o Siria. Mi impresión, por lo tanto, es más la de una ciudadana europea. Pero ayer el desasosiego se apoderó de mí.

Cuando los colectivos contrarios a la ‘pacificación’ se quejaban de que no se puede substituir la violencia del tráfico con la violencia del Estado, no terminaba de visualizar sus quejas porque estaba conociendo sólo favelas ya pacificadas. No es que no creyera en la veracidad de estas críticas. Simplemente, para un ciudadano europeo es imposible imaginar el grado intimidación, control y amenaza al que está sometida la población de una favela como la Maré cuando entra el Ejército.

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Nunca concebí este blog ni la exposición de fotografía participativa que lleva el mismo nombre como un juicio al proceso de pacificación. Tan sólo me mueve la curiosidad de conocer de cerca un proceso que imagino imposible en mi ciudad, Nápoles, carcomida por una violencia organizada y atávica.

Pero debo de reconocer que ayer cambió por completo mi percepción de la ‘pacificación’. Hasta ahora, sólo había estado en favelas ya pacificadas, donde ya se vislumbran ciertos efectos positivos de este proceso, a pesar de todas las limitaciones y abusos que denuncian algunas organizaciones de moradores y los defensores de los derechos humanos.

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Ver tantas armas apuntando a personas indefensas como si aquello fuese Irak no deja indiferente a nadie. Ayer hablaba en un bar de la favela con Maïra, una chica brasileña que trabaja en la ONG Redes de Desenvolvimento da Maré. Reflexionábamos juntas sobre un aspecto crucial de este proceso: difícil decir quiénes son las víctimas y los enemigos en esta guerra no declarada. ¿Acaso es responsable de este despliegue inusitado de medios para matar el joven soldado, que procede de una familia humilde y que se hizo soldado para tener una salida laboral? ¿Es justo tratar al morador como un presunto culpable en vez que como un presunto inocente? ¿Cómo se puede sentir un trabajador que vive en un barrio pobre, cuando pasa de estar bajo el poder del tráfico a tener que convivir con 2.700 soldados armados hasta los dientes?

¿Es realmente necesario todo esto?

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La teoría oficial es que los repetidos ataques de las últimas semanas por parte del narcotráfico contra la UPP, la Policía Pacificadora, han requerido una respuesta dura por parte del Gobierno de Rio de Janeiro. Tras el viernes negro en el que cinco unidades de la UPP fueron agredidas simultáneamente, el gobernador Sérgio Cabral fue a Brasilia a pedir refuerzos.
El resultado salta a la vista: una región entera de la ciudad militarizada a tan sólo tres meses del Mundial.

Todos los interlocutores con los que hablé ayer en la Maré – y muchos me pidieron que no revele su nombre porque tienen miedo- reivindicaban lo mismo: que no haya un mandato colectivo, eso es, que la Policía no pueda entrar de forma indiscriminada en las casas de los moradores, cosa que está aconteciendo; que la pacificación no se limite a ampliar la presencia de policías armados en el territorio; que la militarización a secas no resuelve nada; y que es necesario invertir a largo plazo en educación, salud e infraestructuras para que las cosas cambien.

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Todos los entrevistados coincidían en que la situación antes de la entrada del Ejército era pésima, con guerras constantes entre las tres facciones; fiestas y desparrame a todas horas; ruido; venta de drogas y hombres armados en la calle. Pero todos coinciden también en que ésta no es la solución. Algunos incluso se quejan del gasto exagerado que supone este tipo de estrategia bélica.

–       Por favor, intenta quedarte aquí un tiempo largo, para mirar, entender, no hagas lo que están haciendo los medios brasileños, me pedían ayer en la Maré.

–       ¿Qué están haciendo exactamente?

–       Por ejemplo, decir que la Maré ha sido pacificada en 15 minutos. O mostrar sólo la imagen de los soldados colocando la bandera de Brasil en medio de la favela, como si eso fuese un territorio extranjero o enemigo. Es humillante para los que vivimos y trabajamos aquí.

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La Maré presume de gran activismo social: hay varias ONG trabajando in situ. Aquí nació el proyecto fotográfico de Imagens do Povo, que ha contribuido a crear una conciencia crítica entre los moradores. Es la única favela donde hay una revista local con una tirada de 40.000 ejemplares que se distribuye gratuitamente. Es la única favela en la que asociaciones de moradores, ONG y otros actores sociales se han reunido con el responsable de la seguridad y próximamente lo harán con el alcalde para pedir que se observen reglas de buena convivencia en este periodo de presencia militar y que se respeten los derechos básicos de los moradores.

La Maré es un enorme laboratorio social que está luchando para que otra pacificación sea posible. Ojalá lo consigan.

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