Pequeños proyectos que cambian el mundo

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“Mi vida cambió gracias a estas dos personas”, me susurra al oído Gilson Fumaça durante la presentación del libro de Mônica Rodrigues, ‘Tudo junto e misturado: almanaque da favela’. No es para menos. El guía turístico más carismático de Santa Marta dejó atrás una vida ligada al pequeño crimen gracias a un programa de turismo sostenible que esta antropóloga implantó en la primera favela pacificada de Rio de Janeiro.
http://historiasdelapacificacion.com/2013/05/07/la-inventora-del-rio-top-tour/

Verônica Moura exhibe su ejemplar

Verônica Moura exhibe su ejemplar

Los guías turísticos de Santa Marta y sus mentores

Los guías turísticos de Santa Marta y sus mentores

El viernes en la librería Travessa de Botafogo celebraban la publicación del libro varios guías de Santa Marta, que se formaron en aquella promoción y que hoy trabajan activamente con el turismo. Algunos incluso han creado su propia empresa.

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Salete Martins y su marido, José Carlos Pereira, Verônica Moura, Andréia Miranda… sus vidas también cambiaron por completo gracias al Rio Top Tour. Hoy se codean con gente de todo el mundo y no sólo turistas: ministros, diplomáticos, cineastas y músicos de renombre han conocido la historia de Santa Marta gracias a ellos o han comprado un souvenir made in Santa Marta en la tienda de Andréia.
http://historiasdelapacificacion.com/2013/05/06/la-artesana-y-la-bala-perdida/

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Mônica se pasó la noche firmando ejemplares a las decenas de personas que acudieron para hacerse con el libro. La tirada es de 2.000 ejemplares. Ella ha donado 700 volúmenes a los guías para que sean vendidos dentro de la favela. “La idea es demostrar que otro turismo es posible, sólo eso. Y ayudar, a través de este libro, a crear una opinión basada en esta posibilidad concreta. Santa Marta pasó a ser una referencia después de casi 20 años en los que Rocinha fue el único ejemplo, a partir de la disposición de un grupo de moradores. Hoy otras comunidades pueden tener este destino. Es necesario invertir en educación (cursos técnicos enfocados al empresariado social) y en políticas públicas. Y los moradores tienen que formar a parte de todo ello cogiendo al vuelo las oportunidades con entusiasmo “, explica.

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“La idea nació durante una reunión con el equipo de guías, después de que Mônica tuvo que salir del proyecto por un cambio en el Gobierno local. Ella estaba triste y preocupada por no poder seguir con su idea. Entonces a Verônica se le ocurrió que escribiese un libro para que su concepto pudiese ir más allá de Santa Marta. Yo ayudé a conseguir el patrocinio y hoy estamos aquí, presentando el libro”, cuenta Salete sonriente.

Con Ivanildo Carmos, el autor de las fotos

Con Ivanildo Carmos, el autor de las fotos

Mônica escogió a dos maquetadotes del mundo del design para imprimir un aire fresco a la publicación. También eligió a Ivanildo Carmo, un morador del morro, para que se ocupase de todas las fotos. Ivanildo participó hace más de una década en un proyecto llamado ‘Olhares do morro’, creado por el fotógrafo francés Vincent Rosenblatt. Pero ésa es otra historia, y muy buena, y voy a tener que contarla en otro momento, después de sacar del baúl de los tesoros los secretos que guarda en su corazón este fotógrafo sensible, atormentado y amante del cine llamado Ivanildo.

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Lena souvenirs

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Unos cuantos escalones más debajo de la terraza de Michael Jackson, hay una tiendecita de souvenirs que lleva María Helena. Allí vende cuadros, souvenirs, imágenes de Michael Jackson en todas las versiones y otros objetos susceptibles de despertar el interés de los turistas que a diario visitan la favela de Santa Marta.

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Junto a Andréia e Barbosa, es el tercer punto comercial para los turistas en la favela.
http://historiasdelapacificacion.com/2013/05/06/la-artesana-y-la-bala-perdida/

http://historiasdelapacificacion.com/2013/05/16/el-artesano-barbosa/

Maria Helena fue la esposa del hermano de Gilson. También es la tía de Thiago Firmino, DJ, fotógrafo y organizadores de eventos, un personaje muy conocido dentro y fuera de Santa Marta.

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Y es que en la favela todos se conocen, todos son o han sido parientes, o tienen un hijo, un sobrino o al menos un ahijado en común. Y todos tienen muchos cotilleos para contar. Luego cada uno decide qué escucha y a quién cree.
Así es la vida en la favela.

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Un hombre firme

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Vitor es uno de los guías turísticos de Santa Marta. “Vivo en el ático de la favela”, le gusta decir con un toque de ironía, porque su casa es la más alta, está casi en la cima de la montaña donde nació la favela. “Mi familia lleva en esta casa cinco generaciones. Mis tatarabuelos fueron cofundadores de la favela. Comenzaron a construir la comunidad de arriba para abajo por aquello de imitar la estructura del quilombo [n.d.r.: comunidad formada por afrodescendientes e indios huidos del trabajo esclavo], para controlar a los enemigos desde arriba”, explica Vitor.

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Desde hace dos años, carteles de protesta adornan la fachada de su casa y de las casas vecinas: “Expulsión blanca”. “Sos”. Temen la ‘remoção’, es decir, ser realojados lejos de aquí, en un edificio que están construyendo en la parte baja de la favela.

“Encima de un vertedero, 50 años de basura acumuladas allí. Nadie quiere vivir en aquellas casas. Es una zona peligrosa, insalubre y el edificio está siendo construido con materiales de baja calidad. Cubículos de 32 metros en los que quieren que vivamos hacinados, escuchando los susurros de cada vecino”, señala Vitor.

"Nadie quiere vivir en un edificio construido encima de un vertedero"

“Nadie quiere vivir en un edificio construido encima de un vertedero”

El ayuntamiento alega causas de fuerza mayor para justificar el posible realojo: aseguran que hay riesgo de desmoronamientos. Para Vitor, es una mentira que esconde un plan de especulación urbanística en una zona de gran interés turístico.

–       Aquí nunca ha pasado nada. En la época del gobernador Brizolla, hicieron unas obras de contención para recoger las aguas pluviales y por eso, nunca hubo un alud. Las verdaderas razones son obvias y saltan a la vista desde la terraza de mi casa. ¡Mira qué panorama! Vistas de 180º de todo Rio de Janeiro: Teresópolis, el puente de Niterói, la bahía de Guanabara, el Pão de Açúcar, el morro de Urca, Leme, las playas de Copacabana, Ipanema e Leblon, la Lagoa y el Cristo Redentor. ¿Te parece poco? Además, con la pacificación se ha recuperado el mirador de Dona Marta, que está justo aquí atrás. Antes nadie venía aquí por miedo a las balas. Ahora es un ir y venir de turistas. Hay incluso un helipuerto. ¿Lo sabías?

–       No.

–       Entonces comprenderás que mi casa en un plato muy goloso para cualquiera que quiera montar un hotel o un restaurante turístico, o ambas cosas.

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Vitor comenzó a sospechar que algo iba mal cuando empezaron las obras del PAC, el Programa de Aceleración del Crecimiento lanzado en 2007 por el Gobierno de Lula, con el objetivo de mejorar infraestructuras básicas como saneamiento, vivienda, transporte, energía y recursos hídricos.

–       Comenzaron a asfaltar y mejorar todas las calles de las favelas, menos la nuestra. Cambiaron los postes eléctricos de madera en toda la favela, menos aquí. Reforzaron las escalera en todas partes, pero aquí nadie hacía nada. Cuando preguntaba, me respondían que mi calle estaba fuera del PAC y que no iban a acometer ninguna obra.

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–       ¿Y qué hiciste?

–       Comencé a investigar, por mi cuenta. Creamos una Comisión de Moradores del Pico de Santa Marta y gracias a ciertos contactos, supimos que hay un plan secreto para echarnos de aquí y construir viviendas de lujo. Yo he visto hasta los planos.

–       Pero ¿cómo os pueden echar de aquí? Es ilegal.

–       Muy simple. Nos cortan el agua y la electricidad todo el tiempo, para hacernos la vida imposible.

–       ¿Cómo sabes que es un corte y no es una avería?

–       Porque viene un tipo y corta los cables en nuestra cara.

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–       ¿Tan descaradamente?

–       Sí, no se cortan un pelo. Además, si te fijas en la favela casi no hay casas de madera, sólo en la parte alta. A nosotros nos gustaría hacer reformas, pero no nos dan la licencia. Si quieres construir una casa de ladrillos, te arriesgas a que te la derriben. Ya le ha pasado el hermano de Verónica, la conoces, ¿verdad?

–       ¿La guía turística?

–       Exacto.

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Según Víctor, hay un total de 152 familias excluidas de las obras del PAC. Ese guía de 31 años lleva dos años protestando y resistiendo, como le gusta decir. Su casa se viene abajo, poco a poco. Sólo tiene un dormitorio, en el que duerme e con su esposa Fabiana y dos hijos.

–       Mis padres tuvieron que irse, porque la parte de abajo ya se había vuelto peligrosa. Están en Niterói. Mi sueño es reconstruir la casa tal y como era. Fue una casa con mucha solera. Mi abuela tenía aquí un terreiro de umbanda [n.d.r. religión brasilera basada en el polisincrentismo]. Era una casa de samba: en mi familia había varios músicos, siempre había rodas de samba en la terraza. Aquí han sido compuestos varios samba enredos para distintas escuelas de samba. No es sólo una construcción. Es mi vida, mi historia, aquí están mis raíces.

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–       ¿Por eso no quieres irte?

–       Exactamente. Hace un tiempo una pareja de argentinos me ofreció 350.000 reales por la casa (unos 135.000 euros). Les dije que es un área declarada de riesgo y ¿sabes que me respondieron? “Riesgo para vosotros, no para nosotros”. ¿Te das cuenta?

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No es sólo por la tradición. La zona en la que vive Vitor es un pequeño paraíso natural, en el que se pueden ver macacos, tucanes, armadillos, capibaras y hasta cobras venenosas. Casi no ha ruido. Víctor, que es paisajista y músico, adora sentarse en su pequeña terraza y perder la mirada en el horizonte, en compañía de su guitarra.

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–       ¿Sabes de dónde vienen estas ventanas? De Copacabana. Las encontré en la Avenida Atlántica. Cuando los ricos hacen obras, tiran de todo.

–       ¿Y cómo las llevaste hasta aquí?

–       A hombro, hija. ¡Qué remedio!

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Más de 4 km separan Copacabana de Santa Marta. No consigo imaginar cómo una persona pueda trasportar unas ventanas tan pesadas a hombro y después subirlas hasta la cima de la favela.

–       Ahora con el bondinho es todo más fácil. Pero antes era todo a hombro. Construimos la favela pedazo a pedazo con mucho esfuerzo y por eso no queremos irnos. Hemos sobrevivido a muchas cosas. La época de las guerras por el control del narcotráfico fueron terribles. Mira aquí, todavía puedes ver los rastros de las balas. Muchas personas se refugiaron detrás de estas paredes cuando había tiroteos. Es mucha historia.

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Vitor y su esposa Flaviana en la terraza de su casa

"Mira el rastro de las balas".

“Mira el rastro de las balas”

"Mira el rastro de las balas".

“Mira el rastro de las balas”.

Vitor asegura que la esencia de la favela es una comunidad unida y solidaria, de inmigrantes nordestinos que se juntaban porque solos no habrían podido ganar la batalla contra la mata atlántica. Había grupos de trabajo para todo: para desmatar, hacer la canalización, recoger la basura, construir las casas…

–       Mi casa es un patrimonio inmaterial que nadie puede pagarme, no tiene precio. Prefiero que me aplasten, pero no voy a vender. Si ganan la batalla, al menos podré mostrar al mundo la arbitrariedad con la que nos están tratando desde la llegada de la Policía Pacificadora.

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Cuando cuento a los cariocas del asfalto sobre la preocupación de estos moradores y de los movimientos que los representan, suelo recibir respuestas incrédulas y escépticas. “La gente flipa. No van a construir urbanizaciones de lujo en el medio de una favela, ¿Quién va a querer vivir allí?”. Sin embargo, creo que hay una parte de verdad en estas protestas y lo digo por una razón muy sencilla: luchar, protestar, resistir… son actividades desgastantes, física y psicológicamente. ¿Para qué si no empeñarse en hacer oír su voz y en clamar en contra de la especulación en una de las ciudades socialmente más desiguales del planeta?

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–        El riesgo de desmoronamiento no es real, es una gran mentira. Como es mentira el programa de desarrollo que pregonan los políticos. ¿Qué es el desarrollo? ¿Comprar un televisor de pantalla plana y un celular de última generación? Esto es consumo. Desarrollo es invertir en salud y educación. ¿Dónde están estos planes?, concluye Vitor con tristeza.

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El artesano Barbosa

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Conocí a Barbosa a principio de mi estancia en Santa Marta. En aquel entonces, tenía un puestecito en la entrada de la favela, donde vendía souvenirs que él mismo produce en su casa.

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–       Yo no soy del ‘morro’, antes tenía otro trabajo en el asfalto como conductor. Pero la vida da muchas vueltas y acabé aquí con mi mujer.

–       ¿Y a ella le gusta?

–       Que va, y menos ahora que tiene cáncer y está con quimioterapia. Yo hacía tiempo que estaba detrás de un piso aquí en la favela. Es muy difícil encontrar algo para alquilar. Pero yo siempre quise vivir aquí.

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–       ¿Y desde cuándo eres artesano?

–       Hace poco. Hice un curso. En realidad yo quería trabajar con el turismo, pero no conseguí entrar en el curso profesional. Por eso decidí comenzar esta actividad.

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En el momento en que mantuvimos esta conversación, Barbosa se pasaba el día dibujando camisetas a mano. Seis semanas después, ya tiene una pequeña tienda 200 metros más arriba, más cerca del bondinho.

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–       ¡Has mejorado! ¡Enhorabuena!

–       Sí, estoy muy contento. Me ha costado, pero lo que conseguido. Aquí había una tiendecita donde reparaban móviles. Pero he logrado hacerme con ella. Me hace mucha ilusión, dice con una sonrisa de oreja a oreja.

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–       ¿Y tú mujer? ¿Qué tal sigue?

–       La verdad que mal. Tengo una chica que me ayude aquí porque tengo que atender a mi señora. Casi no puede salir de casa. Pero estoy muy animado con ese nuevo proyecto. Mañana voy a pintar el suelo. ¿Qué crees? ¿Le pongo la frase: no estacionar?

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–       Déjalo, mejor habla con tus vecinos. La frase en el suelo va a estropear la decoración.

–       Sí, tienes razón.

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Desde que empezó la pacificación, en diciembre de 2008, hay tres tiendas de souvenirs en Santa Marta. Algunos moradores ven en el turismo un filón seguro y están apostando cada vez más fuerte por esta actividad.

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Tarde de Baião

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El segundo sábado de cada mes, Salete, una de las guías turísticas de Santa Marta, organiza cerca del bondinho la Tarde de Baião. Es una reunión gastronómica en la que ofrece una comida típica nordestina, de su tierra, en el quiosco que le daba su principal sustento económico antes de comenzar a trabajar con el turismo. Salete es moradora de Santa Marta y hace pocos años que su vida ha cambiado por completo por la presencia de los turistas en la favela.

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Es una idea que desarrolló en un taller impartido por la inventora del Rio Top Tour.
https://historiasdelapacificacion.wordpress.com/2013/05/07/la-inventora-del-rio-top-tour/

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Salete en su ‘barraquinha’

“Antes, Salete sólo vendía hamburger y cheeseburger. Un día le dije: vamos a hacer algo brasileño. Elige un plato. Salete eligió el Baião. Decidimos que iba a ser un almuerzo e de ahí el nombre, Tarde do Baião. De eso hace un año y con suerte, va a impulsar estar iniciativa”, cuenta Mónica.

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Mientras tanto, las Tardes do Baião se han multiplicado. “Es una locura, ahora tengo un evento de este tipo casi todos los sábados e incluso algunos festivos”, reconoce Salete con entusiasmo.

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La última Tarde do Baião, el día de los trabajadores, fue solidaria. “Los becarios del proyecto de turismo llevan dos meses sin cobrar. Verás, nosotros somos los moradores, pero ellos hablan los idiomas. Sin ellos, nosotros no existimos. Por eso yo a veces les doy la mitad de lo que cobro con las excursiones, porque el sueldo de becario es ridículo y todos tienen una familia para alimentar. Ahora, por una cuestión burocrática los últimos dos meses no han recibido nada. Entonces he decidido que el dinero que gane hoy servirá para pagar el billete de autobús para que ellos vengan a trabajar. No tienen ni para eso”, explica Salete.
Conmovedora solidariedad brasileña.

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La inventora del Rio Top Tour

Tourist information en la entrada de la favela

Punto de información turística en la entrada de la favela

Todo tiene un principio, y casi siempre a partir de una idea que brota en la cabeza de alguien. En el caso de Santa Marta, la idea de convertir la primera favela pacificada en un punto turístico surgió de una antropóloga que estaba trabajando como asesora para el Gobierno del Estado de Rio.

Mónica Rodrigues es la antropóloga que creó el Rio Top Tour

Mónica Rodrigues, la antropóloga que creó el Rio Top Tour, prueba el plato nordestino Baiao de Dos, preparado por su ex alumna Salete, hoy guía turística en Santa Marta

Mónica Rodrigues creó en 2010 el proyecto Rio Top Tour como una forma de turismo sustentable con dos objetivos: aportar bienestar a la comunidad y evitar la explotación  de los moradores. “Quería evitar que llegasen aquellos tours de fuera para dentro. La idea era generar un grupo de empresarios dentro de la favela”, explica.

Santa Marta fue un proyecto piloto que ella quería exportar a otras favelas pacificadas, pero al mudar la dirección de la Consejería de Turismo, todo quedó en agua de borrajas. Aún así, en Santa Marta ha sido un éxito. “Los moradores que hoy trabajan con el turismo hicieron un curso de especialización y sacaron un título. Y continúan estudiando idiomas”. Gilson, por ejemplo, fue alumno de Mónica. “Mi mejor alumno, en realidad. Es el único que llevó todo el proceso hasta el final y que ha creado una empresa de turismo, Favela Scene”.

"Gilson fue mi mejor alumno"

“Gilson fue mi mejor alumno”

También fue idea de esta antropóloga impartir cursos de artesanía para que los moradores de Santa Marta pudiesen producir y vender souvenirs a los turistas. “58 alumnos se inscribieron en el taller de turismo, 30 moradores en el de artesanía y 20 en las clases de inglés. También contraté becarios bilingües de la escuela pública para ayudar a los moradores con los turistas extranjeros. Yo misma di un taller sobre cómo montar un negocio. De allí salió la idea de la empresa de Gilson”, explica. También surgió el proyecto de la Tarde do Baião, el evento con comida nordestina que otra guía, Salete, organiza de vez en cuando una cerca del bondinho.

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Salete y Vitor son dos de los guías que salieron del proyecto Rio Top Tour

Recuerda las dificultades que tuvo que enfrentar al principio, sobre todo la desconfianza de los moradores. “Por eso no pedí la ayuda de la UPP (la Unidad de la Policía Pacificadora), habría sido un error táctico importante, porque la población jamás habría confiado en mí”, cuenta Mónica. Y reconoce que siente pena por no haber podido implantar ese mismo modelo en otras favelas pacificadas. “Ahora, para hacer esto, la legislación también tendría que cambiar. Es absurdo pedir a un morador que estudie 900 horas para ser guía. En Santa Marta varias personas lo consiguieron: Gilson, Vitor, Salete, Zé Carlos… pero la realidad es que la vida diaria de los moradores de las favelas es muy dura, casi nadie encuentra el tiempo para este tipo de cursos y al final llegan ellos, los guías de fuera, que sí pueden dedicar un año entero a los estudios. Para que un morador enseñe su favela, cuente la historia de su comunidad y acompañe a los turistas sería suficiente un curso de 100 ó 200 horas. Y eso sería mucho más viable”, asegura.

Turistas en la favela

Sólo el 10% de los turistas reconoce comprar artesanía en la favela

Su conclusión es que la pacificación es un fenómeno positivo para las favelas, pero con ciertas salvedades. “La favela no puede mudar de dueño y la Policía no debe convertirse en el nuevo dueño. El verdadero dueño de estas comunidades es el morador, no el narcotraficante y desde luego, en ningún caso las fuerzas de seguridad del Estado”. Tampoco cree que es justo que los moradores paguen a precios de mercado servicios como el agua y la electricidad, cuando el suministro es pésimo y no se han acometido obras de mejora en las infraestructuras de las favelas.

El Cristo Redentor visto desde Santa Marta

El Cristo Redentor visto desde Santa Marta

“El turismo puede ser un fenómeno nocivo o transformador, depende del enfoque. El Rio Top Tour de Santa Marta ha demostrado que puede haber un turismo sustentable que no acaba con los recursos locales, evitando la llegada de empresarios de fuera que sólo están interesados en ganar mucho dinero y rápidamente. Lamentablemente, el mercado del turismo tiene una visión muy mercantilista de las favelas. Los operadores sólo quieren ganar dinero. Y el Gobierno del Estado de Rio, por su parte, debería investir en servicios y en proyectos para impulsar la creación de empresas locales, para que haya un retorno social para las favelas, algo que no preocupa a la mayoría de guías que vienen de fuera”, concluye Mónica.

Turistas de Meier en Santa Marta

Rosie e Maria Carolline, dos ‘turistas’ del barrio de Meier

Rosie e Maria Carolline, dos ‘turistas’ del barrio de Meier

Junto a Micheal Jackson, me encuentro a Rosie e Maria Carolline, dos ‘turistas’ de Meier, un barrio de la zona norte de Rio. Es el cumpleaños de Rosie y su hija Maria Carolline le ha regalado un tour en la favela para celebrar ese día de forma muy especial.

–       ¿Es su primera vez en una favela?

–       Sí. Antes ni me lo hubiesen planteado. Me encantan las vistas. Qué bien que podamos conocer partes de la ciudad que antes estaban cerradas para nosotros.

Anochece en Santa Marta

Anochece en Santa Marta

Un estudio realizado por la Fundación Getulio Vargas, a petición del Ministerio de Turismo, revela que la mitad de los turistas que llegan a la Cidade Maravilhosa muestran interés para visitar las favelas cariocas. Y ojo al dato: un 58,2% de brasileños y un 51,3% de turistas extranjeros. “Antes venían más gringos, pero cada vez recibimos más turistas nacionales e incluso cariocas”, cuenta Salete, moradora de la favela y una de las guías oficiales de Santa Marta. El tour cuesta entre 40 y 50 reales (unos 20 euros) y pretende mostrar la forma de vida de la favela desde el punto de vista de sus habitantes.

La pacificación tienen mucho que ver con esta tendencia. El 65% de los brasileños entrevistados y el 48,1% de los turistas extranjeros aseguran que fue el elemento crucial para decidir visitar una favela.

Con Michael Jackson ‘no Micheal Jackson’

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La pacificación no atrae sólo el interés de las marcas. Los admiradores de Michael Jackson tienen en Rio un lugar de peregrinaje que visitan una y otra vez.

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Desde que se inauguró la estatua del cantante en la favela Santa Marta, en 2010, muchos fans han pasado por aquí. El otro día había un grupo de Bangu, un municipio de las periferia de Rio.

Todos muy felices de poder bailar la música de Michael Jackson… ‘lá no Micheal Jackson’.
https://historiasdelapacificacion.wordpress.com/2013/03/05/la-no-micheal-jackson/

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La artesana y la bala perdida

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Andréia es artesana. Hace souvenirs con materiales reciclados, que su marido Paulo vende a los turistas en su pequeña tienda en Santa Marta, cerca de la estatua de Michael Jackson.
https://historiasdelapacificacion.wordpress.com/2013/03/07/la-basura-en-dona-marta/

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Además, da clase en artesanía en otra favela, en el Brizolão de Cantagalo. Tiene varias alumnas y su idea es que poco a poco se conviertan en colaboradoras para aumentar su línea de producción. “No doy abasto, todo lo que vendemos está hecho a mano”.

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Como prácticamente todos los artistas y artesanos de la favela, es autodidacta. “Yo no puedo permitirme un curso de arte en el Parque Lage a 1.200 reales al mes (unos 460 euros). Mi primera cartera la hice copiando la de una amiga. La abrí en canal para ver cómo estaba hecha por dentro y usé un brick de leche para reproducirla”, asegura Andréia.

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–       Oigo cada vez más voces críticas con la UPP. ¿A ti la pacificación te ha aportado algo bueno?

–       ¿Y los dudas? Yo soy artesana hace 10 años y sólo ahora consigo vivir de esto, gracias al turismo que llega a la favela pacificada.

–       ¿No tienes problemas con la presencia de la UPP?

Andréia: "Mira mi mano, por aquí pasó una bala perdida"

Andréia: “Mira mi mano, por aquí pasó una bala perdida”

–       Mira mi mano. Por aquí ha pasado una bala, ésta sólo me rozó. Pero la pierna… ¿ves este hueco? Tenía 10 años, estaba durmiendo, lo recuerdo como si fuese ayer. Sentí un dolor muy intenso y comencé a llorar. Mi hermana llamó a mi madre. Cuando entró en el cuarto, me encontró en un lago de sangre. Una bala perdida había entrado por la ventana directamente en mi pierna.

Una bala perdida entró en su pierna mientras estaba durmiendo. Tenía 10 años

Una bala perdida entró en su pierna mientras estaba durmiendo. Tenía 10 años

–       ¿Y qué hicisteis?

–       Bajar al hospital.

–       ¿En el medio del tiroteo?
–       Claro, ¿y qué vas a hacer? ¿Morirte desangrada en tu casa? Bajamos entre tiros, como pudimos, fue horrible, pero en el hospital pudieron extraer la bala y no pasó nada grave.

Las alumnas de Andréia conocen la historia de la bala perdida durante la entrevista

Las alumnas de Andréia conocen la historia de la bala perdida durante la entrevista

–       Debe de haber sido un shock para ti.

–       Verás, yo hoy estoy mucho mejor. Creo que los que critican la pacificación es porque no han conseguido adaptarse a los nuevos tiempo. Yo viví todas las narco guerras de Santa Marta: Zeca contra Cabeludo, la escalada al poder de Marcinho VP… ¿Qué hice en aquella época? Llevarme bien con todo el mundo y abrir un bar al lado de la escuela de samba. Vendía cerveza a los traficantes.

–       ¿Trabajabas entre fusiles?

–       ¿Y qué iba a hacer? No tenía mucha opción. Ahora la favela está pacificada y puedo vivir de lo que más me gusta. Hago toda la producción en mi terraza, con mis hijos y mi marido. Mi hijo menor pinta, es el artista más joven de la favela. Tengo 31 años y estoy feliz, mucho más que en la época de las guerras.

Dibujantes en Santa Marta

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Todos los días pasan por la favela decenas de turistas, artistas, cantantes, vendedores, empresarios, promotores culturales, agentes sociales, curiosos, amigos…

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Es el efecto más palpable de la pacificación. Ha caído el muro invisible que separaba el ‘morro’ del asfalto y se nota.

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El otro día me encontré a un grupo de dibujantes retratando el morro. Sin ninguna razón específica. Suelen quedar para retratar distintos ángulos de la ciudad. Esta vez han optado por acercarse a Santa Marta. Hace tan sólo cuatro años, esta imagen habría sido imposible.

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